Cuba al borde del colapso: las claves de una crisis que amenaza con ser irreversible

Con una economía paralizada, apagones constantes y una migración récord, la isla atraviesa una de las etapas más delicadas de su historia reciente.


Los habitantes de varias zonas de La Habana, ya acostumbrados al olor a basura por la falta de recolección, están ahora habituándose a una sensación más molesta. Es el humo contaminante que provocar ardor en la garganta y llega producto de la quema de las montañas de residuos en la capital, un intento desesperado de solución para lo que es solo uno de los síntomas del agravamiento de la crisis en la isla.

Sin el apoyo de Venezuela y cercada por Estados Unidos, Cuba se sumerge en una crisis que ya la obliga a tomar medidas extremas de racionamiento energético, lo que afecta el turismo y amenaza con paralizar casi por completo su economía, con pocas alternativas a la vista. La falta de apoyo internacional y los problemas internos confluyen para alargar un túnel cada vez más oscuro.

Y, como si fuera poco, otro punto de tensión se sumó esta semana cuando fuerzas cubanas mataron a cuatro personas, una de las cuales era ciudadana estadounidense, en una lancha rápida registrada en Florida que intentaba ingresar a aguas cubanas el miércoles e “infiltrarse” en la isla, según denunció el Gobierno de Cuba.

Son inmediatas las comparaciones con el “período especial” a principios de la década de 1990, posterior a la caída del bloque soviético, que sostenía gran parte de la economía cubana. Algo similar a los envíos de crudo venezolano, que representaban cerca del 30 % de las necesidades energéticas de la isla. El presidente Miguel Díaz-Canel ya hizo referencia a la situación vivida hace poco más de tres décadas, delineando un plan de supervivencia con racionamientos extremos.

“Al sacar a Venezuela como proveedor, empieza un conteo regresivo. El jaque mate viene con la declaración presidencial del día 29”, dijo a CNN Sebastián Arcos, director del Instituto de Investigaciones Cubanas de la Universidad Internacional de Florida (FIU), en referencia al decreto firmado por Donald Trump que le permite sancionar a países que le vendan petróleo o derivados a Cuba. Con esa medida, “EE.UU. confirma que dejó de ser un observador de la situación para convertirse en un agente activo de cambio, a promover un cambio de régimen”, agregó Arcos. Díaz-Canel confirmó días atrás que Cuba no ha recibido petróleo en lo que va de 2026 y no dio detalles sobre cuándo podría llegar algún buque.

El ministro de Medio Ambiente, Armando Rodríguez Batista, aclaró que no incita la quema de residuos sólidos y advirtió que atenta contra la salud. “En estos momentos difíciles provocados por la escasez de combustibles, derivada del bloqueo energético, nos enfrentamos a situaciones complejas que requieren análisis profundos y soluciones inmediatas”, dijo en un mensaje en Facebook. La isla trata de acomodarse a una nueva rutina con medidas muchas veces improvisadas para paliar la situación.

Montaña de basura en La Habana, el 17 de febrero. La crisis energética agudizó los problemas de recolección de residuos.

Una situación extrema, ¿peor que en los ’90?

Para analistas consultados , la caída económica en La Habana todavía no es tan pronunciada como en los noventa, pero subrayan que el efecto es más notorio porque el punto de partida es más bajo, tras años de recesión, falta de inversión y con un déficit energético que ya se notaba en los apagones diarios y prolongados.

“Cuando cae la Unión Soviética, la infraestructura cubana estaba relativamente en buen estado. 30 años de poca inversión nos llevan al punto en el que estamos hoy”, dijo Arcos. “Es una multicrisis: sanitaria, alimentaria, energética, de educación, de legitimidad política”, añadió.

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El historiador Michael Bustamante, profesor asociado y director del programa de estudios cubanos en la Universidad de Miami, considera que, en términos porcentuales, la pérdida de la actividad económica “no sería tan grave” como hace tres décadas, pero “muchos perciben que es peor porque Cuba no se recuperó” completamente de esa crisis. Otra diferencia que señaló es la existencia de un sector privado, luego de algunas reformas de apertura, que moviliza un mercado de divisas y evitan, por el momento, una escasez aguda. Pero apuntó que esos negocios manejan precios altos. “Si esas importaciones se afectan por la falta de divisas, la gente se queda sin nada”, advirtió.

Si faltan productos del exterior, Bustamante indicó que Cuba “puede sobrevivir con cierta actividad mínima”, pero agregó que hay temores por una posible paralización total de la producción de alimentos.

El país también está en peores condiciones que en el período especial para afrontar los desafíos, explicó el economista cubano Pavel Vidal, profesor en la Pontificia Universidad Javeriana en Cali (Colombia). “A finales de los años 80, había ciertas reservas. Hoy hay mayores desequilibrios, más inflación, impagos de la deuda, tras cinco años de una continuada recesión económica, con un desgaste muy grande en la mayoría de sectores”. El investigador también destacó la falta de acceso a financiamiento y el menor capital humano, afectado por las olas migratorias de los últimos años.

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“Un país sin energía no funciona, genera una parálisis de la economía”, subrayó. Para Vidal, este escenario puede darse incluso en cuestión de semanas. “No hay tiempo para reaccionar, sobre todo para los precios de alimentos y transportes. Un choque de ofertas de una magnitud muy significativa va a hacer que se dispare los precios.

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